No pensaba publicar esta receta tan pronto, ya que hace meses que tengo unas cuantas en lista de espera. Pero el éxito que ha tenido esta tarta es tan impresionante y tanta gente me ha preguntado cómo se hace, que he decidido adelantarla. No es la primera vez que la hago, de hecho, pero la vez anterior fue cuando estaba en Varsovia y me la terminé comiendo yo solita (qué gorda). Esta vez la hice para mi compañera de piso Anna, y resultó ser que la tarta de queso es una de sus favoritas.
La verdad es que hay un montón de recetas de tartas de queso. La Yolita hacía una cuando éramos chiquitos que yo no recuerdo haber probado nunca, seguramente porque yo decía que no me gustaba el queso, así que no me iba a gustar esa tarta. La cuestión es que desde que vi el capítulo de Friends en el que Chandler y Rachel no dejan de comer tartas de queso, he querido probar eso que Rachel describía como “una base mantecosa de migas de galleta integral con un riquísimo pero ligero relleno de crema de queso”. Hasta que vi la entrada de La receta de la felicidad y, claro, tuve que hacerla. Es, sin duda, como me imaginaba la de Friends. De hecho, las dos veces que la he hecho no le he puesto la mermelada por encima para que fuera exactamente igual a la de la serie.
Además de desglutenizar la receta (que no tiene mucha complicación, se trata de usar galletas sin gluten para la base), hice una variación más siguiendo consejos abueliles: montar las claras de huevo a punto de nieve. Se dice mucho que no hay que meterle mucho aire a la masa, porque se hincha y después se baja y se rompe justo en medio. Es cierto que a la mía le salieron dos grietas, pero creo que se debió más a la pérdida de líquidos al hornearla que a otra cosa, ya que no se hinchó en ningún momento. Además, si la Yolita dice que así sale mejor, es que sale mejor. No hay más que ver las fotos cercanas en las que se ven los agujeritos de la cremosidad del queso. Se me está haciendo la boca agua de sólo recordarla.
También tuve que ponerle más galletas, ya que mi único molde desmoldable es de 26 centímetros de diámetro, y la receta es para un molde de 20-24 centímetros. De no tenerlo en cuenta, habría salido una base de galleta mucho más fina, y a la hora de servirlo corre más peligro de romperse. Además, con una buena capa de galleta bien hecha, queda riquísima. Por cierto: que el molde sea desmoldable es importantísimo. Sino, después no se puede sacar la tarta. Continuar leyendo




